SALIDAS DE LOS AMANTES DE LA NATURALEZA. VUELTA AL COMIENZO
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| Ermita de San Gregorio - Blecua |
Sábado, 15 de febrero de 2025, “ Antillón “.
Un poco antes de las seis nos vamos reuniendo en la parte delantera del colegio salesiano, bajo la atenta mirada de Don Bosco y de María Auxiliadora. Cuando se hace la hora, Javier Gruchaga, nuestro guía, nos da las últimas instrucciones de cara a la salida de hoy. Como parece que, debido a que se suelta agua por las compuertas del pantano de Montearagón, baja más agua de la prevista por el río Flumen, se piensa que es mejor no cruzar este río por el paso previsto, atravesando su cauce, y el agua puede llegarnos hasta las rodillas y más allá. Luego habría que cruzar una acequia, y puede pasar lo mismo. Así que en lugar de ir por la vía más directa, por Bellestar del Flumen, se comenzará la ruta hacia Monflorite, por un trayecto alternativo un poco más largo. Rezamos y pedimos a los santos de la semana que nos acompañen en el día de hoy. Hoy nos mueve la virtud de la austeridad.
Cuando arrancamos, algunos dejan zapatillas y escarpines que habían cogido para atravesar el río. Bajamos por el Coso, nos desviamos por la calle San Lorenzo, atravesamos el Tubo, donde unos cuantos trasnochadores están apurando la fiesta y hasta nos hacen pasillo. Por el Palacio de Congresos dejamos Huesca y nos dirigimos hasta la ermita de Salas. Encendemos nuestros frontales. Hace muy buena noche, y gracias a que la luna está casi llena, la visibilidad es muy buena. Junto a la ermita de Salas, antes de cruzar el río Flumen, cogemos un buen camino a la derecha. A veces, grandes charcos lo inundan y tenemos que hacer malabarismos para no mojarnos. Vamos paralelos al río y a la carretera A-131, que conecta Huesca con Sariñena y Fraga. Vemos como va quedando atrás la iluminada catedral de Huesca. Poco después de una empresa de áridos, por un pequeño puente, cruzamos el río Flumen y pasamos junto a la entrada del ahora llamado “ Centro Público Integrado de Formación Profesional Montearagón “.
Son las siete y media y ya se está haciendo de día. Cruzamos la carretera y Andrés y Nino aprovechan para hacer la cuenta. Somos 97 peregrinos en este momento. Se hecha en falta al grupo de monitores del Club de Amigos, que tienen jornada de formación. Por buena pista llegamos a la ermita de los Dolores, que en realidad es un ábside trilobulado del antiguo monasterio del siglo XII. Se trata de uno de los pocos monumentos románicos de Aragón que conservan una cabecera en forma de trébol. Admiramos este singular monumento. Un poco más adelante, junto a una acequia, Pedro coge regaliz de palo, en realidad, raíces de la planta de regaliz, que reparte entre los chicos. Entramos en Monflorite, y reagrupamos y descansamos un poco en su plaza Mayor, donde está la iglesia y el ayuntamiento. El reloj que hay en lo alto de este edificio indica que faltan diez minutos para las ocho.
Salimos del pueblo siguiendo una pista que nos dirige hacia el este, hacia el amanecer. Admiramos las primeras flores de los almendros. Llegamos junto al vallado que rodea el aeropuerto y comenzamos a ascender por una pista asfaltada con un desnivel del 12 %, que al final termina con el 10 %. Va a ser la subida más importante del día de hoy. Cuando la hemos superado estamos en lo alto del saso desde el que dominamos una gran parte de nuestra querida Hoya de Huesca, a la misma altura que el aeropuerto, y que vamos a ir recorriendo. Desde aquí vemos el castillo de Corvinos y Albero Alto a nuestros pies. Tras atravesar esta zona, que separa las cuencas de los ríos Flumen y Guatizalema, entramos en el municipio de Argavieso y comenzamos un descenso que nos lleva a la Peña Mora, curiosa formación rocosa que forma parte de un estrato desmantelado por la erosión y que debió ser un espacio sacralizado. En la roca hay cinco entalladuras a modo de escalones para facilitar el acceso a la cima. Un acceso complicado debido a que la superficie se presenta pulida y alisada, probablemente por haber sido usada como espacio deslizante, bien de forma ritual o bien de forma lúdica.
Al dejar atrás la Peña Mora, nos vamos encontrando con varias acequias de riego, llegamos a la carretera A-1218 y atravesando el río Botella, nos encontramos en Argavieso. Son las diez y veinte. El cuerpo ya nos va indicando que es la hora de parar y reponer fuerzas. A la entrada, a nuestra derecha hay una fuente-abrevadero. Vemos la silueta del Castillo Palacio de Argavieso, y cuando nos acercamos y pasamos a su lado, comprobamos con pena que sólo quedan en pie sus altos muros. Nos dirigimos al Centro Social, donde almorzamos. El que quiere, aquí puede hacer uso de los baños. La Asociación de amas de casa nos invita a vino del pueblo, con justa fama desde hace años. Ana y Javier han traído té, a la manera de Alfonso García de Eulate. Felipe también reparte queso, muy bueno, como siempre. También ha venido algún caminante más ( incluso uno de cuatro patas ), que se une a la marcha de hoy. Desde aquí, vamos a visitar la iglesia de la Natividad, del siglo XVII. La alcaldesa, y presidenta de la comarca de la Hoya de Huesca, Mónica Soler, nos explica que se cayó parte de una capilla y gracias al esfuerzo y a la tenacidad de Alfonso García de Eulate, que estaba de párroco en esas fechas, se pudo reparar con la ayuda de las administraciones, y se aprovechó para arreglar cosas pendientes. Se ve una bonita iglesia, bien cuidada. Se nota el aprecio que tenían a don Alfonso. Aplaudimos en su recuerdo.
A las once y media retomamos la marcha. Lo hemos cogido con ganas y vamos más alegres. El día está siendo espléndido. Por buen camino llegamos hasta el río Guatizalema, que remontamos, llegando hasta un mirador desde disfrutamos de la vista de un azud, que desvía agua hacia una acequia de riego que llega hasta Novales. Por un puente que da servicio a una vía agrícola cruzamos el río y nos dirigimos hacia Pueyo de Fañanás, que atravesamos. Ahora el camino va entre amplios campos de cultivo. En lugar de dirigirnos directamente a Antillón, fin de nuestra ruta, y por hacerla más amena, nos desviamos hacia Blecua. Subimos a una pequeña sierra, donde se encuentra la ermita de San Gregorio. Aquí hacemos un breve reagrupamiento que se aprovecha para hacer varias fotos de grupo. Es la una y media. Descendemos por un gran campo de almendros y continuamos hasta llegar a la “ Cueva de las Criatas “, que es una de las llamadas “ piedras fecundantes “ de la zona. Está excavada en la roca arenisca y consta de una entrada, un corredor y una cámara de forma circular, de 1,8 metros de diámetro y 0,8 metros de altura.
Llegamos a Blecua. Son casi las dos y media y en una pequeña plaza nos separamos en grupos para comer. Unos y otros comparten lo que tienen. Parece que no hay que curar los pies de ningún caminante. Mejor. Saludamos a Marisa, profesora en el colegio salesiano y descendiente de este pueblo. Al terminar, continuamos nuestra excursión. Llegamos a “ La fuente vieja “, antiguo lavadero y abrevadero, situado en un entorno espléndido. En un medallón tallado en la roca arenisca se lee “ AÑO 1911 “. Pasando sobre unas piedras puestas en el cauce, cruzamos el arroyo Ribal, a las afueras de Bespén. Llegamos hasta este pueblo, con calles y casas muy arregladas. Hacemos otro breve reagrupamiento y admiramos varios murales, uno dedicado a las viñas y a las uvas que han dado fama al vino de este pueblo, y otro en el que aparecen varias “ chimeneas de hadas “. Hay detalles curiosos: un letrero que hace referencia a la herrería, un reloj de sol, varios escudos nobiliarios de piedra,… Cuando salimos vemos varios olivares a las afueras.
Siguiendo camino nos acercamos hasta los restos de un horno de cal, en el que se aprecia la boca por donde se debía alimentar el fuego y una gran abertura superior. A su alrededor, la erosión ha modelado curiosas formaciones en la tierra arcillosa. Volvemos a la carretera y cruzamos el barranco “ La Sentif “ por un gran puente. Al fondo se ve correr el agua. Entramos en Antillón por el camino de la fuente vieja, que sube entre paredes de piedra seca. Casi en el pueblo, vemos una estampa casi desaparecida: en una pequeña pradera, un pastor vigila un pequeño rebaño de ovejas. Son poco más de las cinco de la tarde. En el bar social reponemos fuerzas para ir a continuación a visitar la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, que muy amablemente nos abren y nos enseñan varias mujeres. Gracias. Entre otros detalles, admiramos una pila bautismal de piedra de una sola pieza. Entonamos el Maria Auxilium cristianorum como agradecimiento al buen día que hemos pasado y en el que no ha habido ningún contratiempo reseñable.
Nico nos pasa los datos de la excursión de hoy: hemos recorrido 37,85 kilómetros, con un desnivel positivo de 355 metros y un tiempo en movimiento de 7 horas y 39 minutos.
Gracias a todos. Ultreia et suseia !!!
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